Hacer una pausa y prestar más atención


El siguiente pasaje es de en un artículo de la revista del New York Times de hace algunos años.

William C. Moyers, partidario de la rehabilitación (y el hijo del periodista Bill Moyers) quién ha estado libre de drogas y alcohol por doce años, fue invitado para hablar en un congreso de M.I.T. En una sala llena de científicos y investigadores obsesionados con los detalles del cerebro humano, Moyers dio una charla en la que les recordó que curando una adición puede ser aún más difícil de lo que pensaban.

Un silencio profundo transformó la sala. “Para nosotros, los adictos,” continuaba, la recuperación es más que sólo tomando una pastilla o recibiendo una inyección…la recuperación también tiene que ver con el espíritu, lidiando con el hueco que tenemos en el alma.”

¿Qué es un hueco en el alma? Es un deseo de conectarse con otros, un deseo de comunión, de unidad, una añoranza de darnos cuenta de quiénes somos. Es un deseo de saber que somos queridos, un deseo de identificarnos como alguien querido. No son sólo los adictos quiénes tienen el hueco en el alma.

¿En qué nos fijamos? ¿Qué intentamos usar para remplazar una añoranza verdadera?

Puede ser que queremos ser dados el visto bueno. Puede ser que pensemos, “Si sólo recibo estos elogios y esta reconocimiento, entonces yo sabré que valgo algo. Puede ser dinero, o todo lo que podemos comprar con el dinero. Si tengo esta casa, o este coche, o esta ropa de marca, entonces me aceptarán. La comida es un sucedáneo. ¿Alguna vez te has encontrado sintiéndote sólo o triste, y pensaste que la solución está en la nevera? Otros sucedáneos pueden ser el sexo, los drogas, o el alcohol.

A veces llamamos a esta obsesión de nuestra mente como el  “si sólo…” Creemos que, “Si sólo todo pudiera estar bien, entonces estaré feliz.” ¿Suena?  “Si sólo pudiera ponerme bien de salud.” “Si solo pudiera conocer a la pareja perfecta.” O “si sólo esta pareja y yo pudiéramos salir adelante.” O, “si sólo pudiera perder veinte libras.” La lista sigue y sigue. Y al final creemos que estas cosas nos pueden poner felices.

Pero no podemos cuidar al hueco en el alma si estamos intentando conseguir un sucedáneo que nos gratifique. Cuando actuamos así, nos lleva más y más lejos de momento, y sólo en el momento podemos encontrar lo que de verdad queremos. Sólo al estar en el presente podemos sentirnos vivos, queridos, entendidos, y liberados.

¿Cómo podemos dejar de perseguir sucedáneos y volver al presente? El primer paso es identificar cuando estamos intentando llenar el hueco en nuestras almas. Cuando notamos los pensamientos de “si sólo…” Si sólo tuviera…Si sólo pudiera ser así…Cuando notamos que nuestros pensamientos o acciones nos traen hacía buscar un sucedáneo – hacemos una pausa.  Paramos. Con cuidado, reconocemos lo que está pasando. Podemos identificar el deseo detrás con ternura e interés. Podemos reconocer la fuerza que surge como parte de una añoranza.

Sólo al hacer una pausa y prestar más atención, nos acercamos más a la libertad. Primero, traemos conciencia a las capas de dolor y miedo dentro de nuestro ser. Si observamos el dolor y miedo, podemos encontrar la posibilidad de recuperar, experimentar más sanación, vivir con más compasión y presencia.  Puede ser que nuestras acciones sean como las de antes pero la diferencia es que estamos más presentes. Pase lo que pase, hacer una pausa nos pone en el camino de sanación. Hacer una pausa nos ayuda a identificar nuestras necesidades pendientes, nos ayuda a descubrir la fuente de nuestras añoranzas más profundas. Nos cura el hueco en el alma.

Así que ¿cómo curarnos del hueco en el alma? Todos tenemos una añoranza de amor, de libertad, de creatividad, de alegría, pero lo que pasa es que nos fijamos en los sucedáneos que nos llevan aún más lejos de lo que de verdad queremos, más lejos del momento que puede ser la fuente de la libertad.  “Yo tengo una enfermedad con sus orígenes en el cerebro…pero también he sufrido con otro aspecto de esta enfermedad,” les contó a los investigadores y científicos, y algunos estaban apuntando lo que decía. “Yo nací con lo que me gusta llamar un hueco en mi alma…un dolor que venía de la idea de que no valía y no hacía suficiente. Que no me merecía nada. Que tú no me prestabas atención. Que a lo mejor no te caía bien.”

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